Fundamentación

La última década ha dado, en América Latina y en el mundo, ejemplos de las más diversas formas que puede adoptar la violencia en las escuelas; a lo que se suma la visibilidad que le dan a estos fenómenos los medios masivos de comunicación, Internet y las redes sociales.

Los equipos profesionales de Estudios para la Infancia y Fundación Sociedades Complejas venimos investigando las causas que ocasionan la existencia y el incremento virulento de este fenómeno. Tomando esta preocupación como propia nos hemos abocado a la difusión de esquemas posibles de intervención dentro de las organizaciones escolares y en el seno familiar. Como resultado de esta decisión inauguramos en 2009 un espacio académico, el Congreso Internacional sobre Conflictos y Violencia en las Escuelas, que en su primera edición se desarrolló bajo el lema "La decadencia de la autoridad" y que contó con el apoyo de la Facultad de Derecho (UBA).

Transcurrieron tres años de aquel evento y nuestro trabajo continuó con un intenso desarrollo, con intercambios con colegas e instituciones del país y del exterior y hoy nos sentimos con el compromiso de volver a convocarnos junto a profesionales de la educación, la salud, el derecho, la comunicación, el trabajo social y de otras disciplinas que no dejan de interesarse en esta problemática que promete tenernos en vilo mucho tiempo más.

La segunda edición del Congreso hará eje en las "Tensiones socioculturales entre niños, jóvenes y adultos". Desarrollaremos espacios de trabajo y reflexión para pensar cómo se ha diluido la disimetría social y cómo la aparición de nuevos paradigmas impactan fuertemente a la hora de encontrar nuevas respuestas.

La ausencia del adulto como referente de responsabilidad y respeto imprime un desequilibrio social en la adaptación de niños y jóvenes en la comunidad y en las organizaciones a las que asisten para su socialización secundaria. Esta ausencia del rol adulto acrecienta los niveles de agresividad y conflictos entre docentes, padres y alumnos. En definitiva, provoca tensiones de las que se debe primero tomar noticia para luego poder intervenir.

Asimismo, las sociedades están atravesadas por procesos contemporáneos -como el de la globalización cultural- cuyos paradigmas generan un nuevo modelo social de unificación e igualación que impacta negativamente sobre la disimetría social necesaria para la subsistencia de una comunidad. Trabajando e interviniendo sobre estas cuestiones podremos modificar sustancialmente la realidad de muchas familias y muchas escuelas que se ven atravesadas por episodios de violencia y malestar.

Los paradigmas normalizadores de la vida social llevan su influencia, también, a otros ámbitos: el caso de la salud es preocupante ya que se pretende implantar estrategias de intervención que no responden a idiosincrasias locales sino a modelos importados. Sin embargo, propiciamos la búsqueda y aplicación de modelos propios que respondan a un pensamiento local y regional, tomando en cuenta experiencias de otras latitudes. Es un desafío, pero podemos lograrlo.

Las nuevas clasificaciones en salud mental, que transforman casi todas las conductas poco armónicas en patologías de origen biológico, deben ser revisadas desde la realidad de cada comunidad y tomar de ellas sólo lo que resulte conveniente y aplicable. Se puede resistir a la imposición de tratamientos psiquiátricos y a procesos de medicalización nomenclados y pautados a partir de signos y síntomas. En este sentido, queremos transmitir que la vigilancia epidemiológica, imperante en las nuevas democracias, también atraviesa la crianza familiar y la educación formal.

También nos ocuparemos del sujeto que, hoy en día, es percibido más como un consumidor de bienes y servicios que como un ciudadano; por lo que el valor de su existencia estaría dado por lo que tiene y no por quién es. Este nuevo orden ético genera diferencias entre los que pueden acceder al consumo y aquellos que sólo lo ven a través de los medios de comunicación. Esta lógica contribuye a la agresividad y a la violencia en numerosas comunidades, sin importar el perfil social o económico de sus miembros. Si comprendemos este esquema podremos revertir -o al menos atenuar- algunas metamorfosis. Es altamente conveniente que nuestros hijos y nuestros alumnos ejerzan el pensamiento crítico que rompe con la esclavitud consumista y las familias y las escuelas son los espacios propicios para fomentarlo.

Por último, continuaremos con el análisis de las transformaciones familiares actuales que implican un replanteo del modelo de familia tradicional y de las distribuciones de los roles parentales; en donde las nociones de autoridad y disciplina prácticamente ya no tienen lugar.

En resumen, con este nuevo Congreso pretendemos resituar la disimetría social. Su pérdida atenta contra la diversidad de roles sociales que hacen al equilibrio entre las generaciones y a la transmisión de la experiencia.

¡Sean todas y todos muy bienvenidos a participar!